La dolorosa edad de la violencia
Mientras se hacen llamados desde la
ONU para acabar con el maltrato infantil en su máxima expresión: el
reclutamiento de niños como soldados, otros tantos son silenciados con
pistolas, golpes, violaciones, trabajo forzado o con amenazas invisibles e
inaudibles. Aunque los llamados más efusivos y urgentes se hacen a oídos de
África, no puede decirse que es una realidad exclusiva del continente pintado
de negro. Decir lo contrario sería mentir de la manera más burda.
En latitudes donde se alza en pleno
goce alguna bandera multicolor, también se hace trizas de los derechos de los
infantes.
Esta semana, Virginia Gamba, la
representante especial del secretario general de la ONU para Asuntos de los
niños y los conflictos armados, pidió a la comunidad internacional más apoyo
para acabar con el reclutamiento de menores de edad en las guerras.
Durante el último año, más de 5 000
niños pudieron ser liberados en conflictos armados. Victoria parcial, en tanto
queden decenas de miles aún utilizados en los enfrentamientos, a veces como
arma suicida.
De manera que, destacó Gamba, esos
niños, una vez liberados, deben enfrentarse a una batalla mayor: el complejo y
dilatado proceso de reinserción en lo profundo de sus comunidades. Es este un
paso decisivo para su bienestar, que contribuye a poner fin a los ciclos de
violencia, valoró la especialista.
Noticias alentadoras llegan a pesar
del turbulento oleaje. A principios de este febrero la misión de la ONU en
Sudán del Sur, país más joven del mundo, acogió con beneplácito la liberación
de cientos de niños soldados, quienes habían sido reclutados y obligados a
pertenecer a grupos armados del oeste.
Dentro del primer grupo de niños
liberados (un total de 311) en una localidad llamada Yambio, se hallaban 87
niñas, por lo que el conflicto pasa igualmente por la violencia de género.
Se trata por otra parte de la primera
vez que se liberan tantas mujeres
jóvenes de forma masiva y pacífica en
Sudán del Sur, dijo David Shearer, jefe de la Misión de las Naciones Unidas en
Sudán del Sur, Unmiss por sus siglas en inglés.
Agregó que, para ser liberados en
etapas, 700 niños ya han sido registrados, de ellos 137 pertenecen al Ejército
de Liberación del Pueblo Sudanés en Oposición y la mayoría, 563, al Movimiento
de Liberación Nacional de Sudán del Sur.
En ese país específico, las
estrategias tienen que ser más abarcadoras, debido a la traza dejada por el
conflicto iniciado desde el 2013, a cuya cuenta se suma que un mínimo de 100
000 niños han padecido indirectamente los efectos del reclutamiento,
explotación y abuso, entre otras violaciones extremas.
Asimismo, supera los dos millones la
cifra de niños expuestos y obligados al abandono de sus hogares. Ellos han
tenido que pasar por la terrible situación de desplazamientos, tanto a lo
interno de su país como en refugios internacionales.
De acuerdo con un informe del Fondo
de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), develado en el 2017, desde que
iniciara el mencionado conflicto, han sido reclutados 19 000 niños por parte de
grupos armados sursudaneses.
En tanto, advirtió Unicef que una
generación completa de niños permanece en riesgo de morir o, en el mejor de los
casos, de ser lesionada y condenada a padecer hambre y enfermedades. Ello
proviene del previo riesgo de quedar reclutado, desplazado, con consecuencias
como no recibir educación.
Si hacemos un paréntesis para pensar
la situación de las niñas, percibimos que, en especial quienes sufrieron
violencia de género y explotación sexual, y han dejado de creer, de soñar,
(...) requieren de un apoyo extra, un necesario plus para recuperar una de las
cosas más importantes en la vida: la esperanza.
Por eso, debe mostrárseles que hay
esperanza fuera de los conflictos, que pueden vivir en paz y seguridad, y
alcanzar sus sueños. Pero en primer término, deben recuperar su capacidad de
soñar.
En cifras generales, el reclutamiento
de menores de edad se reportó en 20 de las situaciones conflictivas cubiertas
por Naciones Unidas en todo el planeta y, en 61 de las 63 partes implicadas en
enfrentamientos armados en el mundo entero, se registró esa violación, a pesar
de la adopción de un protocolo, 18 años atrás, sobre la participación de los
niños en los conflictos armados. Este establece la edad mínima para el
reclutamiento en las fuerzas armadas a los 18 años y ha sido ratificado por 167
Estados.
Esa no es, sin embargo, la única
forma de violencia infantil que afecta al mundo. Las hay silenciosas y
solapadas. Las padecen a diario
comunidades como los afrodescendientes de América, los indígenas, los
discapacitados.
Ejemplos no faltan.
En América Latina, hay países que aun
cuando han abrazado las ideas que pondera la Convención de los Derechos del
Niño, carecen de ley de derechos de la infancia.
Chile, uno de ellos, el año pasado
aprobó un proyecto para crear su Sistema de Garantías de Derechos de la Niñez,
pero aún permanece en proceso dentro del Senado de esa nación latinoamericana.
Ante estos vacíos legales, Unicef
exhorta a los países a actuar con celeridad para cumplir con la obligación de
adecuar las legislaciones internas que asumen los Estados al ratificar la
Convención Internacional. Solo así podrán respetarse los derechos de infantes
en circunstancias de violencia o discriminación de distintos tipos, a la cual
son más vulnerables comunidades afrodescendientes, indígenas y de niños con
discapacidades.
Tras una intensa evaluación de la
infancia en Panamá desde enero, otro de los países de Latinoamérica carentes de
una ley que proteja a los niños, un especialista de Naciones Unidas (ONU),
dictaminó que la violencia contra estos está arraigada en la sociedad panameña.
En Europa y Estados Unidos abundan
los niños mendigos y tampoco es difícil encontrar menores –inmigrantes o no–
trabajando, de seguro arrastrados por el marasmo de la pobreza.
El presente obliga a que la
responsabilidad de poner a los infantes al derecho la asuma el orbe en su
totalidad.
1- Los niños han sido blancos de
guerra y han estado expuestos a ataques y a una violencia brutal en sus
hogares, escuelas y zonas de juego.
2- En los conflictos de todo el
mundo, los niños han sido utilizados como escudos humanos, asesinados,
mutilados y reclutados para participar en los combates. La violación, el
matrimonio forzado, el secuestro y la esclavitud se han convertido en tácticas
habituales.
3- En algunos contextos, los niños
secuestrados por grupos extremistas vuelven a ser víctimas de abusos después de
su liberación, cuando son detenidos por las fuerzas de seguridad.
4- Millones de niños están pagando un
precio indirecto por estos conflictos, ya que sufren desnutrición, enfermedades
y traumas debido a que se les priva de los servicios básicos –incluido el
acceso a alimentos, agua, saneamiento y salud– o a que estos servicios sufren
daños o quedan destruidos durante los combates.
5- Reinsertarse en sus comunidades es
probablemente lo más difícil y traumático.

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