Sus tímpanos están resguardados por
ordenanzas que prohíben los ruidos molestos, aunque no siempre se cumplen.
Su vecino tiene un gallo como
despertador los ladridos del perro no lo dejan dormir; la alarma de un auto le
retumba en los oídos sin que el dueño la apague; una retroexcavadora trabaja de
madrugada; la música de la discoteca del lado lo tiene con los nervios de
punta... ruidos y más ruidos ¿Le suena?
No hay obligación de soportarlos
porque todos los municipios cuentan con ordenanzas que los prohíben porque
perturban la tranquilidad. Quien los emita, arriesga multas de 1 a 5 UTM
($29.502 a $147.510). Las normas, se basan en un decreto del Ministerio de
Salud que fija los límites para la emisión de ruidos, aunque los municipios le
agregan otras cláusulas. Son infracciones conversar en voz alta en la calle
después de las 23 horas, gritar con "expresiones que causen
escándalos", pregonar mercaderías en forma exagerada o con altoparlantes,
fábricas bulliciosas, etc.
A veces la regla es una cosa y su
aplicación, otra. Friedmuk Ballek estaba en su departamento cuando la alarma de
una camioneta comenzó a sonar en la calle. Volvía a activarse una y otra vez
hasta que terminó por crisparle los nervios. Llamó a la Municipalidad de
Providencia, pero sólo obtuvo un "no podemos hacer nada a menos que el
vehículo esté mal estacionado".
Extraño, porque en esta comuna se
prohíbe todo sonido molesto, incluso "el funcionamiento de alarmas
instaladas en vehículos, casa u otros lugares, más allá de 10 minutos".
Según esto, el caso ameritaba una inspección, el "tirón de orejas"
del Juez de Policía Local y la multa para el dueño.
Hernán Varas, jefe del Departamento
de Control e Higiene del municipio, sostiene que sí se aplica la ordenanza y lo
que pudo ocurrir es que el funcionario malinterpretó la regla. Los inspectores
de seguridad se ocupan de las alarmas de casas, empresas o autos, porque puede
tratarse de un intento de robo. De lo contrario se cursa el parte. Más
complicadas son las molestias por los trabajos de construcción. Soledad
Castillo denunció que pese a que reclamó al municipio de Santiago y a
Carabineros por los ruidos causados por una obra en calle República, las faenas
continuaron. Y eso que se le cursaron dos infracciones.
El Juez de Policía Local de Las
Condes, Alejandro Cooper, cuenta que estos reclamos son los más comunes.
Asegura que se multa a las empresas pero ellas argumentan que no pueden
descontinuar las tareas y prefieren pagar la infracción. Aunque la idea es
llegar a un acuerdo.
Alex Ramírez de la Subdirección de
Medio Ambiente de la Municipalidad de Vitacura, señala que siempre supervisan.
Las "fuentes fijas" como discotecas, se vigilan con un
"sonómetro" que mide los decibeles para comprobar que no sobrepasen
el límite. Hay otros más difíciles de cuantificar, como los ladridos de perros
o el canto madrugador de un gallo. En esos casos se advierte al dueño que
resuelva el problema en cierto plazo o se lo multa.
¡Déjenme dormir!
La música es ruido si suena a
deshoras o el volumen está muy alto. Nadiesda Budnevich vive un martirio desde
que tiene como vecino a un bar. Los gritos, música y conversaciones hasta altas
horas no la han dejado pegar los ojos. "Estoy con pastillas para mis
constantes crisis nerviosas", contó a Línea Directa. Es tal su drama, que
hasta ha tenido conflictos con su familia por estar más irritable y problemas
en el trabajo.
En el Sesma dicen que pueden
fiscalizar tras una denuncia, aunque sindican a los municipios como
responsables ya que ellos entregan las patentes. Aunque si el plan comunal así
lo permite, no hay nada que les impida autorizarlos. No obstante, todo alcalde
puede sancionar o cerrar los locales que alteren un vecindario. Nadiesda
reclama que en Recoleta le dijeron que no tenían armas legales ni los fondos
para esto. En cambio, en Vitacura, antes de dar el permiso, exigen que los
recintos tengan aislación acústica y en Providencia clausuraron las discotecas
con ruidos molestos.
Dónde quejarse
Si se siente afectado por alguna fuente de ruido
molesto, reclame a su municipio, el que tiene la obligación de atender la queja
en base a su ordenanza.
Con este instrumento los municipios
miden si el nivel de ruidos sobrepasa lo permitido por la ley.
Foto: CLAUDIO CANOVAS
Escrito por El Mercurio


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