Desde la depresión a la ansiedad,
pasando por la apatía, las alteraciones emocionales en el alzhéimer pueden
causar sufrimiento a enfermos y cuidadores. Algunas estrategias valen la pena
intentarlas para contribuir al bienestar de todos.
El alzhéimer es una enfermedad que
afecta a todo el cerebro. Casi literalmente el encéfalo de los pacientes se va
llenando de basura (proteínas que se acumulan) que no puede desechar.
Como resultado todos los procesos que
dirige el cerebro se ven afectados, entre ellos, cómo no, los procesos
emocionales.
Hay alteraciones del estado afectivo
que tienen una prevalencia especial en el alzhéimer y es importante que
enfermos, cuidadores y profesionales sepan reconocerlas y abordarlas ¡vamos a
conocerlas!
Depresión
La depresión se considera un factor
de riesgo para el desarrollo de la enfermedad, así que no es de extrañar que
sea muy común entre los pacientes.
La depresión que predomina en el
alzhéimer no es la más profunda, sino que es más común la llamada distimia o
trastorno depresivo persistente.
Los familiares pueden observar que el
enfermo ya no sonríe con tanta frecuencia, su respuesta emocional ante hechos
que antes le alegraban mucho es poco menos que tibia y se le nota falto de
energía.
La distimia es una forma leve de
depresión, al menos si se le compara con el trastorno depresivo mayor, pero
igualmente merece todo el cuidado profesional.
¿Qué podemos hacer?
Aunque el primer impulso puede ser
tirar de fármacos antidepresivos, esto no es lo más aconsejable, ya que
incrementan la confusión.
En su lugar se aconseja intentar que
el enfermo, al menos aquellos que están en fase leve o moderada de la
enfermedad, se involucren en actividades que le motiven, por ejemplo, realizar
manualidades o ayudar al cuidador a quitar el polvo.
Mirar vídeos o fotos antiguas y
escuchar música de cuando era joven también es una buena idea.
Apatía
¿Una de las alteraciones más
difíciles de manejar? Posiblemente, al menos para mí. Sucede que la apatía, la
falta de motivación para realizar actividades, impide precisamente que usemos
las herramientas que están más a nuestro alcance para abordar los trastornos
emocionales.
Todos nuestros intentos de realizar
algo se chocan con ganas de nada: “¿Quieres ir a caminar? No” “¿Quieres ir a
tomar un café? No, a mi déjame tranquila”
¡¿Qué hacer?!
Pues toca tirar de creatividad. No es
fácil, créeme que lo sé, pero intentando buscar aquello que en verdad le gusta
y combinándolo con una buena dosis de halago y otros estímulos positivos, algo
se logra.
Imponiendo las actividades que
claramente le disgustan solo lograremos multiplicar ese rechazo.
¿Hay alguien con quien le una un vínculo
especial? Ya sabes que lo que no logra el que está día a día “al pie del cañón”
lo logra el simpático nieto que viene una vez al mes.
Ansiedad
La ansiedad es más común en la fase
moderada de alzhéimer, donde los síntomas cada vez son más evidentes y la
persona aún es consciente de su deterioro ¡Qué angustia debe provocar percibir
que ya no sabes cómo hacer esa receta de toda la vida!
La ansiedad se manifiesta de muchas
maneras, por ejemplo, mediante irritabilidad, exceso de actividad motora y
puede llegar a la agresividad, algo de lo que hablaremos más adelante.
¿Qué hacer?
En primer lugar, mostrar comprensión:
es la enfermedad, no la persona. Después podemos asegurarnos de que nuestro
hogar y las situaciones en que se ve envuelto el enfermo no sobrepasen las
capacidades que actualmente tiene.
Exigir, aun con la mejor intención,
que haga la comida cuando ya no tiene las habilidades para ello, solo hará que
la ansiedad haga estragos.
También es importante mantener un
ambiente adecuado, sin ruidos excesivos, y estar atentos a las situaciones que
le disparan la ansiedad ¡Identifícalas y evítalas! (mientras puedas, claro
está).
Agresividad
No es exactamente una alteración
emocional, pero ahí tiene su raíz en muchos casos. No nos cansamos de
repetirlo: la mayoría de los enfermos de alzhéimer no son agresivos.
Sin embargo, la agresividad es una de
los problemas que más preocupa a los cuidadores y tienen toda la razón. Es más
común en fases moderadas y avanzadas de alzhéimer y en muchos casos está estrechamente
relacionada con la aparición de delirios.
Por ejemplo, el enfermo que cree que
su pareja le está siendo infiel o que le están robando el dinero tiene más
riesgo de ser agresivo.
¿Qué hacer?
Para manejar la agresividad hay tres
ideas básicas:
Mantener la seguridad tanto del
enfermo como del cuidador
No contradecir las ideas delirantes
Desviar la atención del enfermo hacia
otros temas
Si te interesar este tema no dejes de
leer los dos artículos que le hemos dedicado, precisamente porque sabemos la
importancia que tiene para los cuidadores.
Fuente: Titi

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