El plan de Reino Unido de privatizar parques tiene una
réplica en España; la idea de lanzar una desamortización antidéficit – El
Gobierno y el sector no la creen rentable porque el mercado nunca pagará el
valor real – ¿Cuál es el precio de la biodiversidad?
En realidad es la eterna discusión entre el valor y el
precio. ¿Cuánto vale la Amazonia? ¿Cuánto vale el pinar público de Valsaín, en
Segovia? ¿Y los gorilas en África? Si se toma el precio del metro cuadrado y el
de la madera se puede obtener el valor en el mercado de ese pinar. Sí, ¿pero
cuánto vale la biodiversidad, la retención de agua y la influencia del bosque
en el ciclo hidrológico, la diversidad genética o la fijación de CO.
2) ¿Eso cómo se mide?
Jaime Lamo de Espinosa sabe que tiene algo de provocador. Ex
ministro de Agricultura con la UCD y catedrático de Economía y Ciencias
Sociales Agrarias de la Universidad Politécnica de Madrid, ha lanzado una idea
controvertida: que los Ayuntamientos vendan montes públicos para combatir el
déficit.
“Ya se habla de privatizar las empresas de la SEPI, algunas
tan esenciales como servicio público como Mercasa o Aena. ¿Son menos esenciales
que 3.000 hectáreas en un municipio de España, por ejemplo?”, explica. La idea
de Lamo de Espinosa es que los municipios, “la mayoría en una situación
dramática sin fuentes de ingresos”, puedan sacar a la venta los montes de
utilidad pública. “Yo excluiría los parques naturales y los parques nacionales.
Pero, fuera de eso y manteniendo las restricciones ambientales, no veo ventaja
en que estén en manos públicas, ya que en la mayoría de los casos solo generan
gastos”, como los de protección contra incendios. Los montes de utilidad
pública no son pocos. Según el Ministerio de Medio Ambiente, ocupan 6.577.965
hectáreas, el 13% de la superficie del país.
¿Quién se compraría un bosque si no puede talarlo? “La verdad
es que no sé si habría demanda, pero hay gente que puede hacerlo por la
suntuosidad de comprarse 2.000 o 3.000 hectáreas junto a su casa o para cazar.
Castilla-La Mancha tiene buena parte de sus montes parcelados para cazar y es
una extraordinaria fuente de ingresos”. El ex ministro no caza, advierte.
Calculó que la venta de un tercio de los montes públicos reportaría entre 7.500
y 21.000 millones de euros.
El razonamiento puede parecer impecable. Y, sin embargo, no
ha recabado muchos apoyos. Más bien lo contrario. El director general de Medio
Natural y Política Forestal del Ministerio de Medio Ambiente, José Jiménez, no
puede estar más en desacuerdo: “Buena parte de los montes públicos son los
mejor conservados de España y tienen un valor mucho mayor que el que les daría
el mercado, y más en momentos de crisis”.
Jiménez esgrime un estudio que realizó el ministerio en 2001
sobre el valor de los parques nacionales. Actualizando con la inflación, la
conclusión es que los parques valen unos 40.000 millones de euros, casi el
doble de lo que saldría de medir el valor del terreno. “Se hizo con la
metodología de la demanda. Es decir, cuánto está dispuesta a pagar la gente por
ir a un sitio bien conservado a pasear, por ejemplo, entre otras
externalidades”, explica Jiménez. La Ley de Responsabilidad Ambiental valora
los ecosistemas en función de cuánto costaría recuperarlos.
El sector forestal tampoco ve clara la venta. Miguel Ángel
Uralde, presidente de Asemfo, la asociación de empresas forestales, critica la
propuesta de la desamortización: “Ya ocurrió en el siglo XIX y desde el punto
de vista del patrimonio forestal, de pérdida de biodiversidad, de desertización
y de afección al ciclo hidrológico fue un desastre. Si los montes que se
salvaron los vendemos ahora es que no hemos aprendido nada, ya que la creación
de los montes de utilidad pública ha sido la figura de protección más efectiva,
por encima de los parques naturales”. Y concluye: “Vender los montes públicos
para levantar aceras es un suicidio nacional”.
Los expertos en política forestal tienen grabado lo que
ocurrió en las desamortizaciones, principalmente las de Mendizábal y Madoz.
Muchas tierras “incultas” pasaron a manos de la nobleza o la alta burguesía que
las roturaron. Se talaron miles de hectáreas y se convirtieron en cultivo. Lamo
de Espinosa admite que ocurrió, pero sostiene que el fin era aumentar la producción
agrícola, y que no es eso lo que él plantea.
Nicolás de Benito, vocal de la Asociación de Profesionales
Forestales de España, también es muy crítico con la idea: “Si un Ayuntamiento
vendiera sus montes podría salvar el presupuesto un par de años, pero perdería
el patrimonio público para siempre y tendría un efecto enorme en el medio
ambiente de las generaciones futuras”. Y pone como ejemplo que su empresa
gestiona 4.000 hectáreas del alcornocal titularidad del Ayuntamiento de Ronda
(Málaga). “Explotamos el corcho de la finca y hay gestión ganadera. Sacamos
unas 300 toneladas al año y el pueblo recibe unos 500.000 euros al año. Por la
tierra, como mucho, podría ingresar ocho millones de euros”.
El secretario de Estado de Medio Rural, Josep Puxeu, respondió
a la propuesta argumentando que vender hoy patrimonio natural de todos los
españoles es muy mal negocio: “Los parques nacionales, montes comunales y
fincas patrimonio del Estado tienen un valor muy superior al precio de
negociación mercantil en un momento puntual. Malvenderlos es pan -poco- para
hoy y hambre para mañana”.
Una cosa es aprovechar la marca de un espacio protegido para
potenciar el turismo rural o la gastronomía y otra privatizarlo, ponerle una
valla y cerrarlo al público. El ministerio no solo no vende sino que sigue
comprando. “En el Parque Nacional Cabañeros hemos comprado fincas a unos 3.000
euros cada hectárea”, explica Jiménez, que señala que la intención del Estado
es llegar a tener la titularidad de al menos el 50% de las zonas declaradas
como parque nacional: “Con el paso del tiempo estos terrenos se revalorizan más
que la media ya que es un activo cada vez más escaso”. Eso, pese a que el
Ministerio de Medio Ambiente ha sido de los más afectados por los recortes
presupuestarios.
Juan Carlos Álvarez, alcalde de Coca (Segovia, 2.000
habitantes), sigue una política parecida: “Teníamos unas propiedades urbanas y
las hemos vendido para comprar más monte, porque bien explotado nos da más
rentas y es un buen negocio”.
El argumento del ministerio es que quizá el Estado podría
ingresar 60 millones de euros por el monte de Valsaín. ¿De verdad solo vale
eso? ¿Y luego qué? ¿Luego Doñana? ¿Cuál es el límite? ¿Y cuando no quede
patrimonio público? ¿No es eso vender el joyero de la abuela?
“Es que hay veces en las que una familia tiene que pararse a
pensar y admitir que solo le queda vender el joyero de la abuela. El valor de
las cosas es lo que la gente está dispuesta a pagar por algo. O esto o subir
los impuestos”, replica Lamo de Espinosa, que además es presidente de la
Asociación Nacional de Constructores Independientes, de los sectores más
castigado por la asfixia de las arcas municipales, y añade que no todos los
montes están explotados y que muchos de ellos no generan ingresos.
El debate, incipiente en España -hay alcaldes que vieron el
cielo abierto al conocer la propuesta de Espinosa, pero legalmente no es
sencillo vender esos terrenos- está mucho más avanzado en otros países.
El primer ministro británico, David Cameron, plantea no solo
reducir el dinero destinado al medio ambiente sino vender espacios naturales,
lo que ha irritado a los ecologistas, que advierten de las consecuencias hacia
las próximas generaciones.
En marzo pasado, dos diputados alemanes del partido de Angela
Merkel pidieron a Grecia que vendiera a millonarios algunas de sus 6.000 islas
antes de pedir un rescate a la UE. “¡Vendan sus islas, griegos quebrados! Y la
Acrópolis también”, tituló el diario sensacionalista Bild. Luisiana, Alaska o
Manhattan fueron ejemplos de venta de terreno a gran escala en la que el
vendedor siempre acabó arrepentido (como el Estado español con las
desamortizaciones).
Pero el tema tiene otra derivada. Si los montes tienen un
valor para la sociedad mayor del que refleja el mercado, ¿no debería compensar
a los dueños de esos terrenos? Si las fábricas compran una tonelada de CO2 a 13
euros, ¿cuánto vale un bosque, que almacena ingentes cantidades de dióxido de
carbono?
En la negociación internacional contra el cambio climático,
esa es la reivindicación histórica de los países tropicales. Casi tan
importante es limitar las emisiones de gases de efecto invernadero de las
industrias de los países ricos como no talar la Amazonia, por ejemplo. Como la
negociación está encallada no hay avances, pero sí existe cierto consenso en
que deberá crearse algún mecanismo de compensación. El proyecto de Ley de
Economía Sostenible apunta algo en ese sentido, aunque sin aclarar mucho.
Afirma que las Administraciones “fomentarán acciones que den valor tanto a las
producciones inmediatas como a las externalidades positivas de las áreas
naturales”.
El 54% de España es terreno forestal
– España tiene una superficie forestal de 27.603.796
hectáreas (54% territorio), según el estudio de la Asociación de Empresas
Forestales (Asemfo). Esto incluye superficie arbolada (el 36%) y no arbolada
(18%).
– Las Administraciones públicas gestionan más de siete
millones de hectáreas.
– Casi 20 millones de hectáreas de superficie forestal están
en manos privadas.
– Las Administraciones invirtieron en 2008 en el sector
forestal 1.556 millones de euros.
– Pese que entre 1996 y 2007 ardieron 1,3 millones de
hectáreas de superficie forestal (incluye árboles y matorrales), en ese periodo
la superficie forestal aumentó en más de tres millones de hectáreas.
– Los incendios arrasaron entre el 1 de enero y el 8 de
agosto pasado 20.600 hectáreas de bosque, un 78% menos que en el mismo periodo
de 2009 (94.000) y un 74% por debajo de la media de la última década decenio
(80.349), según Medio Ambiente.
Escrito por El País

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